El secreto

La princesa echaba fuego por la boca. El caballero sacó su espada y empezó a cortar cabezas (porque así se mata a los dragones). Luchó días y noches enteros, sin tregua. Pero el último y más fiero se le resistía. Fueron semanas, meses… Con el tiempo, aquel dragón sedujo al hombre escondido en la armadura. Un buen día, el caballero se aventuró a entrar en la cueva oscura de la princesa. Desde entonces las cosas marchan bien entre los dos.

El fuego aún está vivo y su amor ha durado una eternidad.

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