El rastro del caracol

Me voy de viaje a Ávila, Mérida, Montijo, La Nava de Santiago, Madrid, Alcalá de Henares… Nadie diría, con mi historial, que detesto los cambios bruscos. Sin embargo, han ido pasando los años y, como sin querer, estoy cada vez más preparada: un coche a mi medida (¡quién lo hubiera dicho!), una maleta con lo justo y necesario, y una casa en el ciberespacio toda pintada de rosa. Es cierto que no he puesto demasiado empeño desde que llegué, y ya va siendo hora. Me falta colgar algunos cuadros, guardar mis garabatos en los cajones del escritorio, y avisar a mis amigos de que el café siempre está a punto, que pueden pasar por casa cuando quieran. Por eso voy dejando rastro, como los caracoles. Será que empiezo a llevar la casa a cuestas y me sienta bien.

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