Septiembre, año MMX

El aire de la mañana enfría las mejillas. Despierto un poco más. Miro la llanura ondulada con sus sombras. Retomo el hilo de este paraje silencioso. El tiempo se ha quedado quieto. Veo mis ganas de llorar y mi propio silencio hecho de gritos. Y por fin sé que cada una de mis palabras locas buscará uno de estos rincones suaves, entre el trigo, la cebada, y los almendros que hoy no están en flor.

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