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Caps de ruc i cors de roc

IMG_0031Lo mejor de la sesión del domingo: la canción. Canción sencilla y conocida, historia triste. Y después la Barbuda, mi querida barbuda de Cunqueiro, amada antes por otros que por mí, pero no por eso menos amada por mí. Que en estos tiempos donde la preñez se nos obliga, nos trae aquellos en que también. Quizás empecemos a parir merlines todas de golpe. Pero qué tipo de merlines serán esos hijos indeseados, hambrientos de pan o de afecto? Es fácil irse por las ramas cuando las palabras suenan bien y apropiadas, pero, y si dejan de sonar así, me seguiré yendo por las ramas? Será que cada cuento que cuento lleva consigo lo que he olido, comido, pensado ese día… como los pedos. Será que los cuentos son un gran pedo. Ja! Esto ya no suena a mí, y me gusta. Porque también es mí. Si se despertaran a mi lado cada mañana sabrían lo que respiramos las que hablamos de princesas. Las princesas también nacen de ese aliento. (Pido perdón porque estoy mintiendo un poco: casi nunca hablo de princesas. La palabra “princesas” es aquí extrapolable a cualquier mujer, niña, hormiga, u oveja que se precie.)
Eché de menos a Ignasi. Cuando piensas unos cuentos junto a alguien, quieres decir algo en conjunto; te falta ese alguien y se transforma el mensaje. Cierto, podría ser para mejor, pero no es exacto, porque no es la intención. Y a mí me enseñaron que la intención es lo que vale.
Además, hay días en que te sientas con el público y no sabes cómo hacer para convertir el lugar en un sitio amable para todos, cómodo, acogedor… Y, sí, uno lo intenta, y lo intenta… Es como cuando viene alguien a casa: No acostumbro hacer nada especial, no sé cocinar muy bien, ni me gusta pasearme por lugares turísticos, ni charlar sobre la ciudad. Eso sí, le doy las llaves a quien llega, le preparo una buena cama, y me gusta que se sienta como en su casa; le muestro dónde están las toallas, el café, los cubiertos, y le ofrezco que abra los cajones hasta encontrar lo que necesite.
Hay personas a las que eso no les gusta. Definitivamente, preferirían una mesa bien puesta, la mantelería, cubertería, cristalería, y una receta exquisita para degustar sin levantarse de la silla, acompañada de un vino escogido para la ocasión. A mí eso me atrae de vez en cuando, pero no es lo que más, ni lo que siempre. Prefiero la rutina, el cotidiano, mis desayunos larguísimos, con charlas o con libros, y eso es exactamente lo que me gusta compartir.

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