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Cercanías

Icarus from Jazz, Henri Matisse

El hombre entró en la zapatería, buscó los más lustrosos, los más caros. Se los probó, decidió que era imprescindible añadir a la compra unos calcetines a juego, y pagó. Dejó en una bolsa los viejos zapatos y los calcetines zurcidos, y se fue con los nuevos puestos.

Caminó, corrió.

Subió al tren de cercanías y se sentó en la escalerilla sucia y fría. Se miró los zapatos. Intentó pensar solo en ellos. Pero la vida se le colaba por los pantalones raídos, por las mangas de la camisa.

Lloró. Tanto daba. Era un hombre triste con zapatos nuevos.

3 Comments

  1. Esta manía tan humana que tenemos, de pretender tapar con “cosas nuevas” lo que de verdad necesitamos, no puede ser para nada buena. Yo le aconsejaría que se vendiera los zapatos y se fuera a celebrar la salida diaria del sol; ¡que la vida son dos días!

    • Sí, Ferran, lo vi, de verdad que lo vi, en un tren de cercanías, y no supe qué decir. Quizás haya conseguido bajar y haya vendido los zapatos. Quizás esté tendido al sol, que le calienta cada pliegue de su piel. Tiene que haberlo descubierto ya. Pero si no lo ha hecho, la próxima vez que lo vea, le diré de tu parte: ¡Que la vida son dos días!

  2. ¡Qué bonita historia, si no reflejase la realidad!… hay que estar alerta y no caer en la trampa de confundir necesidades sentimentales con necesidades materiales, pero las primeras son más difíciles de suplir y a veces queremos creer que en las tiendas se venden remedios para las heridas del alma… ah… ¡la vida es un misterio!
    Besos a ambos dos 🙂

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