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Sesión de collage

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Hay días en que uno se levanta espeso, intenta elaborar una idea y da más vueltas que una peonza: narrador, público, historias, hilo conductor, tiempo, espacio, comunicación, narrador, público, historias… Hoy el trompo rodó de la motivación al germen, y del germen a la preparación de las sesiones.

Si la motivación viene de la convicción de que hay que elaborar una nueva sesión porque llevamos demasiados años conviviendo con unos pocos cuentos viejos y queridos, el embrión suele ser enclenque. Si de pronto nos abrazamos a lo que creemos ser una gran idea digna de investigación y pedestal, puede que sea efímero. Si nos enamoramos de un objeto o una imagen, es muy probable que nazca engañoso.

Sin embargo, hay veces que el camino es la motivación. Y, así, haciendo camino, llegan las palabras, las maneras, las risas. Entonces uno se zambulle como puede, como sabe.

Yo no aprendí a dar grandes saltos desde un trampolín aunque era lo que verdaderamente me gustaba. Mi padre me llevó a un acantilado, se tiró él primero, luego mi hermano, y yo quedé en lo alto de una roca alta, sin saber qué hacer. Decidí finalmente que la opción menos peligrosa era la de saltar, y lo hice. Tenía ocho años y eran muchos metros. Descubrí que en el momento del salto tenía más estómago que corazón; descubrí que me gustaba sumergirme bajo el agua, pero que nunca permitiría que el fondo del mar me tocase la barriga o que mis pies se hundieran en el lodo de los ríos (manías que una tiene).

Reconozco aquí públicamente (aunque eso me haga aparecer cobarde) que aunque la opción de contar parezca arriesgada, aunque yo lo haga con mucho estómago y algo de corazón, siempre hay una alternativa más peligrosa, un camino que yo he dejado de lado: una bomba que yo no tiraré.

En cuanto a la preparación, me apetece mostrar algo más de la última sesión: Cuentos de amor al amor de la lumbre. La intención fue incendiaria. La fui probando en uno de mis viajes y la completé por primera vez con Dani Alegret al piano en el Harlem el 27 de abril. Días antes releía los cuentos, los pensaba, recordaba situaciones, leía diarios, escuchaba a Landriscina, escribía… y hacía un collage, el que quiero mostraros ahora. Será que mi vida es como un collage, y ando buscando hilos, contextos, y pegamento? Este collage empezó con un recuerdo: la quema de libros en Chile. Septiembre de 1973. Abril de 2013. Cuarenta años.

 

Left Right
Historias de amor… Prep 1

…de hace mucho que me contaron hace poco.

Quema de libros Prep 2

Chile, 1973.

La que cae La que cae

Recuerdos de Barcelona, 1981.

Tara persa

Prep 5

Regalo de Albert Rubio.

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