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DE MUDANZA

Ya ves, hoy he ido más allá del corte de pelo: me he cambiado de casa y he decidido pintar las paredes de rosa.

Tengo que confesar que lo de la mudanza es una tradición familiar. De pequeña, cuando aún vivía con mi madre y mi hermano, solíamos comprar el diario, buscábamos la sección de pisos de alquiler y seleccionábamos unos cuantos. Después de descartar la mayoría por falta de luz, por caros, o por intuición, llamábamos por teléfono para concertar una cita. El día en cuestión esperábamos al representante de la inmobiliaria en el portal y cuando llegaba, subíamos al piso con la esperanza de quien va a encontrar su rincón. Intentando disimular, me apresuraba a escoger habitación antes que los demás. Quería una con vistas. Es cierto que habría disfrutado con montañas o playas, pero lo que de veras deseaba era un edificio de apartamentos lleno de ventanas. Sabía que cada día, a la hora del atardecer, cuando el sol se escondiera y los vecinos encendieran las luces, alguno me invitaría a entrar en su casa, y me regalaría un rato de su vida.

Hoy repito aquella historia.

Carrer AMUNT

“Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.”
Bestiario, Casa Tomada, Julio Cortázar

He ido de sitio en sitio, he llamado y preguntado, y, sobre todo, he buscado mi ventana con vistas. Una amiga me ha echado una mano con pintura y cables, luego me ha ayudado a escoger muebles y cuadros. Ahora que la casa ya empieza a parecer mi casa, he traído maletas, libros y bártulos, he hecho la compra, y aquí estaba, distraída, desempaquetando cosas, con el café junto al ordenador, cuando has llegado tú.

Pasa, que te muestro el piso.

2 Comments

  1. ¿Qué puedo decir? ¡Me gusta que estés aquí, con casa nueva! Te seguiré como te seguía, pero más cómoda, así que lo más seguro es que tengas que soportarme mucho rato. Prepara café, o té, o chocolate caliente si hace mucho frío. Que sea en grandes cantidades, porque sospecho que vamos a ser legión los que nos acurruquemos junto a este fuego, a escuchar tus historias.
    Un abrazo fuerte, amiga.

  2. ¡¿Soportarte?! ¡No sabes lo que dices! Gracias por ayudarme a escoger la decoración; culpa tuya será que estemos tan cómodas. Soñaba ya con esa salamandra de hierro en el centro de la sala, con una caldera caliente permanentemente sobre ella (quien dice caldera, dice chocolatera, cafetera…), un buen sofá, y las historias compartidas.
    Otro abrazo para ti, y ¡hasta ahora mismo!

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